VARIETE SIN FRONTERAS
experimento teatral 100% kultural e independiente.
Dentro del campo teatral actual, el circuito de varietés es, quizás, uno de los más prolíficos, pero también – y lamentablemente – uno de los menos tenidos en cuenta a la hora de pensarlo, reseñarlos o estudiarlos. Suele considerarse incluso que los espectáculos de variedades son compuestos por simples sketchsautónomos, es decir, sin conexión con el resto de la representación, conformados por unipersonales o escenas con pocos actores. Lejos de estos postulados, la Varieté sin fronteras apela a creaciones complejas, donde se presentan no solo intensas reflexiones sobre el arte teatral sino que mixtura elementos de otras artes como el cine, la música o la plástica. A lo largo de 10 años, este grupo se ha consolidado en el campo teatral experimental de autogestión, presentándose en diversos espacios teatrales y no teatrales – Centro cultural Guapachoza, Centro cultural Quetren, Galpon Ve, La Creciente Bar, Código País, Fiestas Bauhause, entre otros – brindando a su público siempre nuevas creaciones, dramaturgias totalmente irrepetibles, donde se apela a numerosos recursos expresivos que provienen de las diversas técnicas actorales en las que se han formado los intérpretes. Desde el humor absurdo, elementos del grotesco e infinidad de menciones metateatrales, con proyeccciones de imágenes que componen parte de la escenografía y música en vivo, las obras presentan estructuras complejas y siempre diferentes, con personajes que se han ido componiendo a lo largo de estos años – algunos de ellos reconocidos y solicitados por el público – que demuestran en cada representación nuevos e innovadores elementos.
Apelando a la comicidad verbal y gestual desde múltiples aristas, los actores indagan respecto de numerosas posibilidades expresivas, pautado desde la experimentación e improvisación como ejes para la creación, para construir una dramaturgia colectiva. Cabe considerar que el espectáculo se define a sí mismo como un experimento teatral 100% independiente, cuyo epígrafe menciona: “la cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tu”. Esta breve frase hace referencia a la propia concepción que los artistas plantean respecto de su espectáculo y su actividad dentro del campo teatral, aclarando que el espectador no irá presenciar una obra conforme a los cánones comerciales que remiten a la pasividad del público, sino que apreciará un espectáculo que precisa de su colaboración en tanto participación – ya sea corporal o por medio de la imaginación – configurando así lo que podríamos denominar una dramaturgia de espectador, vale decir, una representación que termina siendo completada activamente por los presentes por medio propios recursos, ya sean, la imaginación, la risa, o la hilación de ciertas menciones propuestas desde la escena.
En este sentido, podemos plantear que este grupo de artistas se asemejan a las compañías de commedia dell´arte, donde los integrantes de una familia – en este caso “familia por elección” – llevaban adelante espectáculos con el objetivo de entretener y postular sus ideas artísticas en escena.
Los actores, a su vez, trabajan con un elemento sumamente interesante en términos teóricos y prácticos que es la idea de necesidad narrativa y escénica. Es decir, ellos logran, por medio de un amplio abanico de recursos que evidencian su ductilidad como actores, construir y representar aquello que el grupo propone y solicita, construyendo así un equipo de trabajo que “tira para el mismo lado”, y donde no se apela en ningún momento a lucimientos narcisistas. Esta cuestión, creemos, es sumamente relevante, ya que el campo teatral de Buenos Aires suele manejarse por individualidades más que por equipos, y sostener durante una década un grupo de trabajo de actores fijos – Gabriel Tato Villanueva, Martin Rispau, Matías Bassi, Ezequiel Negro Tufro- con invitados en cada función es un logro a destacar. Y dicha unión es evidenciada por la fidelidad de un público, que en cada ocasión se deja llevar por las creaciones de cada nueva función, con elementos sorpresa así como con personajes conocidos en diferentes situaciones, logrando constituir un acontecimiento que parte de valores fundamentales como el compañerismo y la solidaridad, atravesados por la diversión y el amor por el arte teatral.
Podemos afirmar entonces que la Varieté sin fronteras es de esos espectáculos que convocan al público como un amigo, es decir, invitan a la diversión desde la sincera entrega de lo mejor de sí, y demuestra a cada momento las ilimitadas creaciones a alcanzar: una varieté sin fronteras y, sin duda, un “camino de ida”.
Por Laura Rauch
Estudiante avanzada de la carrera de Artes Combinadas (UBA) e integrante del Área de Investigación en Ciencias del Arte (AICA) en el Centro Cultural de la Cooperación.